La novela policiaca moderna, también
llamada detectivesca o policial, pertenece al género narrativo y nació en el
siglo XIX. Mediante la observación, el análisis y
la deducción, un detective
intenta resolver un enigma o crimen encontrando a su autor.
En la novela
policíaca el detective nunca fracasa, por lo tanto, siempre obtendremos al
final las respuestas al misterio que se nos plantea a lo largo del relato.
Se difunde a través de revistas a un público trabajador, por lo que su
lenguaje no es muy complejo. Existe una preocupación social, ambientación,
descripciones naturalistas, urbanas en
ambientes marginales, pero también en los sitios aparentemente más vistosos de
la corrupción política y moral.
El desarrollo de la acción es rápido y frecuentemente violento.
La motivación o móvil de los crímenes es siempre alguna
debilidad humana.
Se da más importancia al desarrollo de la acción que al
análisis del crimen, aunque también importa una descripción naturalista y a
veces impresionista de la sociedad donde, más que nacen, se hacen los
criminales junto a una reflexión, casi siempre no explicitada.

